Ella no tenía ojos
claros, su tez era blanca con un toque de sol, su cuerpo no tenía curvas, su
espalda era ancha como si practicara natación aunque a veces lo hacía. Su ropa
no era cara, pero le bastaba con que cumpliera su función –cubrirla-.
Cada vez que caminaba
por la calle se la veía segura y feliz, sin problemas y llena de vida. Pero
nadie se preguntaba ni se imaginaba todo lo que llevaba dentro, todo con lo que
tenía que cargar día a día y sobre todo fingiendo felicidad. Ella peleaba con sus
demonios día y noche, aun cuando estuviera frío o quemando el sol; estaba
cansada, harta, deprimida, triste por dentro, hecha trizas. Pero nadie debía
enterarse que necesitaba y pedía a gritos ese “algo” que la sostuviera cuando
estuviera cayendo al vacío o volando demasiado alto, y cuando la vida parecía
comenzar a apreciarla, ese algo que esperaba se tornaba en una algo que la
destruía.
No contaba con que se
apareciera en su camino esa mañana de verano, aquel muchacho de hermosa
sonrisa, cuerpo voluminoso y ojos que transportaban al cielo. No lo esperaba a
él.
Ella tenía una clara
idea sobre el amor y no era exactamente la del príncipe azul, con un bello
castillo.
Él y ella no son
exactamente iguales. Él es soñador, idealista, le gusta estudiar y posee una
gran voluntad para seguir los proyectos que se fija como meta, tiene alma
bohemia y gran imaginación, es fuerte pero bravo como un león.
En cambio, ella es
sensible e intuitiva, valiente y arriesgada, ama la vida en la naturaleza y
tiene gran imaginación. Ella es una guerrera.
Sus destinos ya estaban
escritos a encontrarse, ese algo había llegado a su vida después de tanto
dolor, ella había descubierto una pequeña parte de la felicidad, un motivo más
para sonreír después de que su sonrisa desapareciera tanto tiempo.
Pero ¿podrán ellos
tener un “felices por siempre” de manera realista?
Mishell C.
Mishell C.
Owww...!
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